2016: Tengo ganas de odiarte

Cuántas ganas tengo de odiar este año. Es lo humano, es lo natural. Porque no hay nada más humano que sentir rabia cuando nos quitan eso que “nos pertenece”. Lo he visto en mis 3 hijos desde sus primeros meses, esa impotencia al ver que nos arrebatan de las manos eso que sentimos propio, y que por lo mismo, sentimos que merecemos (aunque en rigor sea el celular de la mamá). Pero justamente en ese sentimiento está la trampa.

La verdad es que no merecemos a Carrie Fisher. No merecemos a David Bowie (a quien casi ni conocí). Ni a Peter Rock. Mucho menos a nuestros abuelos, nuestros padres y nuestro seres queridos. No merecemos nuestros amores, no merecemos nuestros dolores. No merecemos genios. Pero los lloramos.

Los lloramos porque recibimos tanto de ellos y les dimos tan poco. Entonces lloramos de rabia infantil por dejar de recibir los beneficios de una relación tan conveniente para nosotros. Nos acostumbramos a recibir sin dar nada a cambio. Hasta a ignorarlos cuando quisimos. Pero no teníamos más alternativa, no habia forma de ser justos con ellos, porque la genialidad no puede devolverse.

Por eso solo nos queda llorarlos. Con impotencia, con rabia, con culpa. Y canalizando esa culpa hacia un año que no hizo más que cumplir con su deber de hacer que el planeta diera una vuelta más al mundo. ¿Esa es nuestra forma de agradecer? No, simplemente es nuestra forma humana y pequeña de lidiar con la frustración. Porque somos niños a quienes nos arrebataron aquello que nos pertenecía. Esa genialidad que en verdad nunca nos perteneció. Que era de ellos. Y si ellos quisieron compartirla con nosotros, debemos sentirnos agradecidos. Aunque sea por un breve momento.

Gracias Carrie por enseñarme a admirar a una princesa. Gracias David, a quien casi no puse atención en vida, por dejar tanto material que me permitirá siempre seguir descubriéndote. Gracias Peter, viejo choro, alegre y loco por regalarme la mejor anécdota de la vida.

La vida es injusta, porque nos quita eso que amamos. Y es injusta también porque nos regala cosas que no merecemos.

Siento ganas de decir que el 2016 fue una mierda, porque estoy cansado y acumulo muchas frustraciones. Envidio el ver gente puteando contra el año, porque quiero hacerlo, quiero gritar y culparlo a él de todas mis penas. Pero no puedo.

No puedo sumarme a su rabia contra el 2016, porque este año, aunque duro, fue mucho más generoso que duro conmigo. Y basta solo con señalar que me regaló la oportunidad de disfrutar a un nuevo hijo, un niño feliz. Otro genio que no me pertenece a mí ni a nadie en este mundo. Gracias 2016 por traernos nuevos genios. Y tantas otras cosas que no merezco y que nunca voy a merecer.

¡Muy feliz fin de 2016 a todos! ¡Y a celebrar con sus seres queridos! ¡Que eso sí que nos merecemos todos!

—Alfredo R.

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