Dos compañeros del proceso creativo

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El loco, que camina con una sabia inconsciencia. Como observadores nos preocupamos por él y su destino, debido a su cercanía con ese aparente barranco cuya altura la imagen no nos permite determinar. ¿Debemos sentir temor por él, por su seguridad? El loco, sin saber realmente, sabe mejor que nosotros qué camino tomar. No se preocupa, sigue adelante, se deja sorprender por el proceso. Aunque lo que le espere sea una catástrofe, sabe que el resultado no está en sus manos.

El mago, en cambio, consciente de su fuerza creativa, toma el control de la situación. Conoce los cuatro elementos y los lleva a su mesa. Sabe lo que necesita y tiene claras sus metas. El sabe el poder que conlleva el dominio de las artes. Sabe de lo que es capaz.

Ambos son sólo dos caras de una moneda de caras infinitas, donde en cada una nos podemos ver a nosotros mismos.

Por eso creo en el poder de los arquetipos, y por eso el tarot me parece fascinante. Porque podemos encontrarnos en él, y al hacerlo, podemos acompañarnos de nosotros mismo.

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